martes, 15 de septiembre de 2015

La Maya y el Otro




Es constante caer en el error de afirmar que el pensamiento es exclusivo de occidente, o bien de colocar a occidente como la máxima del pensamiento frente a otras formas de pensar. En otras ocasiones no habrá afirmación alguna al respecto, al menos no de manera explícita, y simplemente se construirá el conocimiento sobre la base de una suposición desconocida en otra forma de anular lo diferente bajo el signo de cierto paganismo. La forma en que se reflexiona en torno al mundo y al ser humano, sin embargo, ha aparecido en todas las culturas: en donde hay cultura, hay pensamiento reflexivo. 

El entrecruce que se posibilita con la apertura a otras formas en que el ser humano responde a las preguntas sobre lo que nos rodea, nos abre nuevas vetas para seguir preguntando y, ¿por qué no?, para alumbrar esas oscuridades del saber: como dos zonas iluminadas divididas por la sombra, algunos saberes, aún desplegados sobre la misma superficie, mantienen sus relaciones fuera de la vista.

Si bien los temas de este breve texto exigen un tratamiento de mucho mayor profundidad que el que se presta para un blog, pondré las fichas sobre una suerte de provocación: una invitación a entramar el conocimiento desde distintas perspectivas para enriquecer la visión que tenemos del acontecer del sujeto, esperando que el resultado de la apuesta sea un germen que pueda desenvolverse en el pensamiento de quien, por algo más que casualidad, se arroja sobre este charco de letras. En el peor de los casos se trata de un entretenido ejercicio para la imaginación.

El Otro en psicoanálisis es el lugar, el lugar del lenguaje. Un sujeto no emerge si no se inscribe en el campo del Otro, si no es castrado, arrancado del lugar de goce, de la cosa en sí para nombrarla. El Otro no es otro, el otro yo, los demás, sino el lenguaje mismo y tendrá (valga aquí comenzar con los entrecruzamientos) distintos avatares. De tal modo, si el Otro es el lenguaje y el sujeto es sujeto en tanto sujeto del lenguaje, tenemos que el lenguaje precede y es condición para el sujeto. ¿Pero cómo se asocia con la maya

Maya es una palabra empleada en el hinduismo para designar el artificio, el entramado de la existencia, el despliegue de formas (en la díada sustancia-forma). Para el hinduismo, y en particular para el culto a Vishnú, la maya es la ilusión de la existencia. El término también se asocia con el artificio en el discurso político, y con el engaño en tanto truco u obra de brujería (en donde, inevitablemente, surge en nuestra mente cierto parentesco con la palabra "magia"). En este sentido, todo lo que existe, natural y sobrenatural, es emanación de la Sustancia Divina.

Podemos comenzar a agrupar estos elementos en una suerte de «complejos» a los que llamaré, siguiendo la orientación que nos provee Jung, «arquetipos». Es necesario, sin embargo, tener bien claro de qué se trata un complejo. Si bien es un término recurrente en el psicoanálisis freudiano, no olvidemos el origen del término, inicialmente acuñado por Jung: al medir los tiempos de respuesta de sus pacientes ante palabras-estímulo, el psiquiatra suizo halló que ante determinadas palabras el tiempo de respuesta era mayor; estas palabras se asociaban con determinadas experiencias afectivas del sujeto y estas formas de organización son los complejos. En la obra temprana de Freud, el centro de estas agrupaciones fue llamado «nódulo patógeno». Así, si el complejo es una forma de organización de determinados elementos en torno a un centro afectivo en el sujeto, el arquetipo es una forma de organización de determinados elementos semánticamente relacionados de origen arcáico. De ahí que me permita plantear esta relación semántica entre un término de origen lacaniano y una palabra de origen hindú. Una vez salvada esta tortuosa justificación conceptual, volvamos sobre la cuestión de la maya y el Otro.

Escribí más arriba que el Otro tiene sus avatares. En el hinduísmo un avatar es la encarnación terrestre de una energía divina y entre sus representantes más famosos se encuentran Krishna o el jabalí Varaja. Pensar, pues, en una avatarización del Otro, es pensar en su encarnación en personajes dentro de la vida del sujeto. Siguiendo con este juego de términos podemos entender que entre los avatares más famosos del Otro en la vida del sujeto se encuentran la madre y el/la analista. ¿Cómo nos sería posible asociar al Otro con la maya en este sentido? Bien, hagamos un modesto intento de análisis estructural.

La madre es aquella que permite la inscripción del sujeto en el campo del Otro y permite la entrada del significante primordial que lo inaugura como sujeto del lenguaje: El Nombre-del-padre. ¿Cómo se relaciona esto con la maya? La maya tiene una doble significación: es tanto el tejido de la existencia, la ilusión del mundo, como el poder creador de este tejido. En ese aspecto es conocida como Maya-Shakti. La Shakti, como representación del poder creador de la energía divina, suele ser representada como la consorte del aspecto masculino del dios. Cumple con una función maternal de protección y aceptación de la naturaleza cambiante de la vida, una visión bella de esta realidad. 

Reforcemos este aspecto. En el mito del desfile de las hormigas, Indra, el rey de los dioses, se celebra en exceso por su victoria en la liberación de las aguas del mundo. Tras ser visitado por Shiva y Vishnú, provenientes de esferas más altas, quienes le muestran que no es muy distinto de una hormiga entre miles (vale decir tras serle revelada su falta, tras ser castrado), se decide por la vida ascética. Su consorte recurre entonces a Bhraspati, el dios de la sabiduría, para que le convenza de aceptar su vida como rey de los dioses.

Añadamos un aspecto más: la Devi-Maya-Shakti. Para que el sujeto se haga sujeto, es necesario que la madre permita la inscripción del sujeto en el Otro a través del significante del Nombre-del-padre que inaugura el lenguaje. La Devi es la Diosa, la feminización de la palabra Deva, que es el Dios. Recurramos al tercer culto (ya mencionamos el culto a Vishnú y a la Gran Diosa), el del dios Shiva. Como herramienta didáctica, emplearemos la escritura en sánscrito de la palabra Shiva [शिव]. Para que el Absoluto, Shiva, se manifieste en la existencia, valga decir para que el sujeto se inscriba en el Otro, el Dios necesita un poder creador, la manifestación de la maya. Para que esto sea posible Shiva necesita de la Maya-Shakti, de la Gran Diosa, la Diosa Madre. Sin este aspecto, el Dios es un cuerpo entendido como corpse, como cadáver, cuya palabra en sánscrito es shava [शव], de tal modo que el signo que modifica la sílaba sha (श, masculina) a shi (शि, femenina) es ि. Nótese que el círculo vacío en el modificador indica que a su vez requiere algo que modificar, el signo sin modificador deja un vacío. Si bien decía Lacan que el psicoanálisis perdería sentido en el momento en el que dejara de ser divertido, entonces ¿por qué no nos divertimos pensando que ese círculo vacío no es otra cosa que el objeto a, el vacío del Otro... el vacío de Dios?

Ahora bien, el otro avatar del Otro que señalé con anterioridad es el analista, a quien se dirigen las preguntas sobre la mujer, sobre el padre, y sobre Dios. Desde luego que el analista está muy lejos de ser Dios y será su falta, como la falta de la madre, la que colocará al sujeto en un enfrentamiento con su angustia, es decir, en posición de dar forma a la relación que mantiene con su falta, de asumir su deseo y, ¿por qué no?, su vida.

Hasta aquí lo que me permite esta reflexión, este navegar entre las sombras para esbozar algunos hilajes entre distintos tejidos del saber. Diré, pues, tomando esto como un intento de provocación, que pensar al Otro y a la maya como disntintas formas asociadas arquetípicamente nos ilumina otros tramos que bien pueden articular los saberes de desarrollos teóricos que quedaron divorciados hace ya mucho tiempo. Queda en lectores y lectrices la posibilidad de engrandecer la urdimbre o dejar de lado este trozo de tela y tejer su particular manera de hacer frente al psicoanálisis, que mantiene su vigencia por las preguntas que constantemente se le dirigen y su capacidad para enlazarse con diversos campos.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Farfullencias: sobre el palabrar

Camino por el mundo, lo recorro a través de los huecos de las cosas, de los que las cosas hacen en mí. Busco morar el más allá en un más acá que se desborda desde el centro de mi pecho. El pecho es una plaza y en la plaza hay un palabrar del que sólo soy la boca. Es la angustia de la nada, la angustia de la falta de la nada que me arranca de las apariencias. Transcurro el sendero de mi lengua y miro: el palabrar es un árbol de signos. Discurriendo el subterráneo curso multiverjo en su espesura.

A veces me detengo en una palabra, se reúne con otras y escucho su conversación, observo su disfraz de letras y me devoro con los ojos su emperifollaje de signos de puntuación. Son seres que deambulan por su bosque, que abisman las penurias hasta dejarse atravesar por lo innombrado. Árboles cuyas raíces son ramas de otros árboles; caótico arbolar de signos que persigue la gigantesca sombra sin cuerpo del origen. 

Es por el caos que la verdad se renuncia, que reniega su ilusoria posesión para desplegar en otra imposibilidad: la de entregarse a la Verdad. La verdad sostenida por el Otro, avatar del Ser. Otro que nos deja sin saber si hay un centro de la arboladura, al que se encuentra en el arrojo, por el simple gusto de entregarse al raizal que en su redil inscribe, por escurrir como hilos hechos de hilos y emerger como verdadera trama: el mundo y la vida.

Lenguaje caótico, lenguaje fortuito, lenguaje legal; lenguaje dinámico, canónico, cosmogónico. El lenguaje mole significante, materia que en la forma busca su naturaleza material, erotizada urgencia. En el acto de nombrar se da a luz a la palabra que busca su destino. Mares de palabras que hacen lenguaje, aguas que son así de aguas por la razón de su entramaje. Surge la palabra a la luz por ser brote del abismo.

¿Y cuál es el destino de la palabra?, ¿cuál si suponemos que la palabra tiene ser? La palabra quiere devenir ella misma. El amor es el deseo de entrega de la madre y el de ser recibida por el hijo, el deseo del padre es su simiente; se conforma una imagen del amor: un entramado de faltas que nos enredan en su nada. La palabra que se ama y se elige, la que no dice nada. Las palabras buscan a la Razón y le preguntan su sentido. Hallan su naturaleza. Nombrar es un acto de amor y la palabra que se pasea por el pensamiento es la palabra que se quiere a sí misma, aún soñando en su palabrimorfo tiempo mítico; se quiere es decir que busca conquistarse; la palabra quiere ser deseada por el poeta para darse una existencia plena. La inspiración es la madre y la razón el padre: el poeta encarnación de ambos, tan carne como falta que imprime su falta. La palabra en falta: la palabra indigente no posee su esencia, su esencia es otra, quizás oculta en su forma. 

La palabra que se ama se urge a sí misma, el poeta es el instrumento para su satisfacción. La palabra, componente del lenguaje, unidad de significado; plurilabrería, nacisión, coopulación, coexistencia de tejidos significantes, enredadura de raíces hundidas en la terrazón silábica, palabrecimiento. 

El  lenguaje busca su propia transgresión, busca devorarse como la famosa serpiente, nulificarse a través de su propio despliegue; cuando no construye edificios su aspiración es nombrar el silencio, buscar el más silencio entre todos los rugidos de enredadera. Y para ello requiere darse a luz. La poesía es un imposible y sin embargo existe. Las ciencias buscan lo imposible. La palabra parece no querer nada más que sus propias leyes: no las convenciones del lenguaje, sino los efectos de su estallido, el ordenado caos de su escritura, discordante coordinación de singularidades que se enhebran hasta conformar un tejido presente, espontáneo acto de dichura que culmina siempre que se reconfigura en su particularidad de representación para quien despliega su propio universo al recorrer la letra. 

Expresura, prolongación, destino del tajazo sobre la nada del espacio. Ninguna novedad, pero siempre singularidad que no se desnuda: misterio, enigma, deseo, ¡la vida del lenguaje que en su testaruda negación se afirma! Permitir el hilvanaje, dejar que la lengua se derrame como el rescoldo de un néctar fugitivo, cauce gozoso para el espasmo indeterminado que pende de los labios, anhelo de un devenir como siendo, rebosante de sí: desbordamiento, alumbramiento, amplificación, grito de la mismidad desde su yoico tránsito. La eternalidad, negada casa de la razón; pródiga razón, herrumbrosa estructura de la negación de la nada.

Un día en que la palabra busca salir de su silencio y se encuentra con un alma dispuesta a expresarla, ella se regocija en sí misma retirando una veladura de su mutable intimidad. La palabra se redescubre con una nueva corporeidad, retoña en ella una plástica del pensamiento.

jueves, 2 de julio de 2015

La sonrisa forzada.





Sonríe, sonríe, sonríe. La televisión está poblada de  labios que dejan entrever la blancura del esqueleto. ¿De qué sonríen? lo hacen maquinalmente, planeado, exacto pero a la vez tan natural. La sonrisa puede ser gozo del alma, pero también una ominosa máscara. La sonrisa siniestra es la que se ha disociado del cuerpo, aquella que permanece como sonrisa pura, como gesto que distorsiona la cara recordándonos la vejez y la muerte. La sonrisa de un niño tiene música, la sonrisa macabra es muda. Es gesto forzado, volcado al vacío. La sonrisa siniestra es, entonces, sin destinatario.


Sonríe.

Así, como imperativo, como la orden que se les da a los niños que están a punto de entrar a una reunión social “sonríe, mijito, sonríe”.  Se nos ordena  falsificar ese gesto ante una foto,  para que perdure.  Al vendedor se le exige que sonría para que incremente sus ventas y en algunas ciudades al cruzar sus límites se  puede encontrar un letrero con algún mensaje parecido a este: “Sonrían están entrando a esta ciudad”.


“Sonríe te estamos grabando.” Graciosa manera de recordarnos  que nuestros actos son vigilados. Somos mirados, controlados y  lo que esperan de nosotros es una sonrisa.

Sonreír es bueno dicen las revistas respaldadas de algunos estudios científicos, poco importa cómo se hicieron, si es ciencia es verdad. Si sonríes se disminuye el estrés  y produces endorfina, tus problemas no son a causa del sometimiento sino de tu falta de sonrisas. ¿Qué la gente que sale sonriendo en la foto de sus anuarios universitarios son las que tiene mayor probabilidad de éxito laboral? Eso sí que hace sonreír

El gato Cheshire sonríe y desaparece, nada importa, no sabemos que es lo que esconde, pues nos ha cautivado con esa enigmática sonrisa - “nunca he visto una sonrisa sin gato” – dice Alicia en el país de las maravillas, y uno sospecha si  hay algo de gato en cada sonrisa, la cuestión es saber, si como dicen, está encerrado.



En el siglo XIX el neurólogo Guillaume Duchenne intentaba provocar sonrisas a sus pacientes a través de descargas eléctricas. Logró el gesto pero no la sonrisa (pues la sonrisa genuina, está en los ojos). Pero ha dejado un legado de duchenianos mediáticos, que sonríen y demandan que sonriamos. 


La sonrisa pueril construye la realidad, la sonrisa maquinal es simulacro de lo real.


El psicoanalista Rene A. Spitz, consideró a la sonrisa como manifestación de la primera organización psíquica, y esta se dará a partir del tercer mes de nacimiento.  A pesar de que en algunas ecografías en 4D y 3D se puede observar algunos rasgos muy parecidos a la sonrisa,  este gesto intrauterino  no pasará de ser solo un reflejo, espontáneo e involuntario. 

Las sonrisas del tercer mes generalmente serán ocasionadas por  la presencia de una forma específica,  compuesta por elementos del rostro humano como la frente, los ojos y la boca en movimiento. Spitz (1969) encontró que si no se presentan estos elementos de frente al bebé o se cubre uno de ellos, el infante cesa de sonreír, pues se ha roto la forma (Gestalt). Es decir que el bebé de tres a seis meses   reconoce  elementos del rostro humano pero aun no puede percibirlo en su totalidad.

La sonrisa también es parte de los primeros contactos sociales.  Y la sonrisa del infante siempre tiene un eco en los rostros de aquellos que lo miran. Rostros que son rastros que se irán unificando hasta que el pequeño comience a  reconocer un adentro-afuera.

La pueril sonrisa es la bienvenida que da el bebé  al nacimiento de las cosas, y que estalla en la risa y en los movimientos aun incontrolados de su cuerpo.  Si el llanto está presente en el nacimiento del cuerpo la sonrisa está en el parto del alma.

¿Qué sucede con la sonrisa pueril, acaso es devorada por la sonrisa maquinal, será eso la prueba de un  asesinato, el del alma?

Sonrisa que esconde como la de ese ser mitológico condenado a sonreír  eternamente, el payaso. Pero todo lo que oculta, muestra. Y ahí, en ese maníaco rojo, se puede ver la ominosa mueca de la melancolía. Por eso el gato se oculta, para que lo veamos reducido a su fascinante gesto, para agarrarnos desprevenidos, para hipnotizarnos en la blancura de su muerte. Porque la sonrisa también es amenaza.

Los animales enseñan los dientes para advertir su ataque, el hombre los aprieta para resistir sus ganas de morder, de devorar al otro. La sonrisa es la resistencia al canibalismo. La madre sonríe a su hijo porque la hace feliz, pero también para evitar devorarlo.

Konrad Lorenz (1950) observa ese impulso canibalístico en algunas madres caninas.
“Casi siempre que las madres devoran a sus hijos inmediatamente después del alumbramiento, lo que desgraciadamente no es raro en mamíferos caseros como cerdos y conejos, fallan los mecanismos que dirigen la retirada de las membranas protectoras y de la placenta, así como la sección del cordón umbilical. Si la cría nace con membranas protectoras, la madre comienza a lamer y a tirar, a un mismo tiempo, de éstas hasta formar un pliegue que, después, apresa con los dientes incisivos y corta con una cuidadosa dentellada” (Lorenz, 1950)
Es cierto, la sonrisa de la madre es muy conmovedora, pero no olvidemos que el niño también sonríe “Incipe, parve puer, risu cognoscere matrem”.
Pero entonces se podría pensar en un retorno a la  primitiva intención de la sonrisa, si en un primer momento sonreía para no morderte, en un segundo momento era para recibirte hospitalariamente. Con los Duchenianos mediáticos, retorna la intención, “te sonrió para que no veas por donde te muerdo”.

Sonríe gato en la oscuridad, hazme creer que tu sonrisa es la luna, camino hacia ella pues en tanta penumbra, cualquier brillo  puede ser espejo del sol, abre tus fauces y deja en mí una eterna sonrisa. 



jueves, 25 de junio de 2015

Los caminos de la pulsión en la máquina deseante.



El psicoanálisis es seductor  y los que somos estudiosos de él, nos apasionamos cuando nos adentramos en sus laberintos, y en ocasiones sonreímos frente a un libro verde con la creencia de que hemos comprendido algo. La escritura de Freud es muy seductora, nos crea la atmosfera de que estamos frente a algo grande, importante y que somos sus interlocutores privilegiados.
¿Por qué empezar así un ensayo que pretende abordar el asunto de los mecanismos de defensa y la formación de los síntomas? Porque hay un Freud que me interesa, el primero, el físico-neurólogo. Pero a la vez encuentro que muchos consideran a ese Freud, como el menos seductor.
Assoun menciona respecto a la lectura que hace Jean Hyppolite de la obra de Freud “¿Y por dónde cojea precisamente Freud? Por la energía, ese maldito y obstinado punto de vista energético que se le pega a la piel como una maldición: ¡Ahora bien la energía es enemiga del sentido!”(Assoun, 1981 p.25)

Pero para mí la “energía” es lo valioso de la obra freudiana. Pero no la pienso como una energía real, que se encuentre recorriendo el cuerpo sino como una metáfora, como analogía. ¿Pero Mesmer también habla de energía (electricidad), cual es la diferencia? ¿Dónde termina el genio y comienza el charlatán?, ¿Cómo saberlo?
Y en estos tiempos, que algunos llaman posmodernos, donde  hablar de verdad es ya posicionarse como dogmático, solo encuentro una solución para entender a ese Freud del proyecto de psicología para neurólogos y que se asoma en “Inhibición síntoma y angustia” y esa solución la encontré con Borges, esa solución se llama Tlön.
Tlön para mi es una ficción que me permite pensar la realidad desde otro lugar, esa ficción es peligrosa porque puede llegar a sustituir la realidad. Por supuesto que “Es un error capital el teorizar antes de poseer datos. Insensiblemente, uno comienza a deformar los hechos para hacerlos encajar en las teorías en lugar de encajar las teorías en los hechos” (Arthur Conan Doyle). Y el primer Freud no delira, sino que teoriza a partir de su clínica y sus observaciones neurológicas. Utilizare mi Tlön, es decir mi ficción de la “maquina deseante” para pensar el asunto de los mecanismos de defensa.

Sabemos del mismo Freud que buscaba darle a la mente una localización física y que dicho “proyecto” es abandonado cuando el camino de lo sexual lo lleva por los senderos del fantasma, del padre, de eros y tanahatos.
Cuando pienso al primer Freud pienso al que creó una máquina de placer y displacer. “La máquina deseante” más tarde dará paso a la “Maquina poética” en la interpretación de los sueños. ¿Pero de que se defiende esa máquina? De la destrucción aunque paradójicamente también va empujada a ella.
¿Por qué va empujada a ella? Porque eso fue el nacimiento de la máquina, un error, una falla, una descarga que movilizo pero no se descargó absolutamente. Lo anterior lo podemos apreciar en el siguiente esquema:



Esquema 1. Niveles de energía dentro de la “maquina deseante"
Por la parte de principio de realidad, nos conduce a la muerte esa sobrecarga que haría explotar el sistema, ese rayo que atraviesa a la maquinaria deseante, también conocido como dolor. Y por el lado del placer está el vaciamiento, es decir la descarga absoluta. Entonces la vida es lo de en medio y la defensa es defensa de muerte. “Enfermamos para no enloquecer y enloquecemos para no morir”.
Pero entonces es una maquina en contradicción, por una parte busca la descarga pero por otra la evita.
Los caminos del placer se verán obstaculizados por la represión, sin embargo la pulsión buscará los caminos para expresarse.


Cuando escuchó hablar a los psicoanalistas del inconsciente, pareciera que es un mar indomable, y suelen utilizar la metáfora del agua para referirse a la pulsión. “recorre”, “inunda”, “desborda”, “reflujo”, etc.  

Pensemos al representante pulsional como una energía que pugna por satisfacerse. Vemos en el esquema 2 que sus caminos lo llevarán por distintos grados de “satisfacción”.


Esquema 2. Los caminos para la formación del síntoma.
Lo primero que hay que señalar es que hay un adentro y un afuera que no corresponde al cuerpo biológico. Este adentro-afuera es de nuestra maquina deseante. La represión ha realizado una barrera para que no se realicen las demandas pulsionales incompatibles con el yo y el superyó, Freud llamo a esto represión secundaria o propiamente dicha. ¿Por qué son incompatibles? Por el principio de realidad.
En el niño “la maquina deseante” no conoce barreras y pugnará por salir a toda costa. Pero “el desarrollo de la libido es influido decisivamente por los cambios en relación del sujeto con su objeto” (Klein, 1935, pág. 270).  Es decir las vivencias dolorosas y de satisfacción influirán en los caminos de la libido.
En el esquema 2 podemos ver que la línea azul es el recorrido ideal, de placer absoluto en donde se da la descarga total. La línea azul es el arco reflejo.
“El placer está del lado del acto reflejo. Es lo  que lleva a la pata de la rana a contraerse cuando se le aplica una corriente eléctrica. Jamás podrá esa reacción crear un objeto” (Braunstein, 2011)
La línea azul seria el recorrido de una “máquina de placer” pero nosotros hablamos de una “maquina deseante”, es decir que desea algo que no tiene.
En la primera vivencia de satisfacción se genera una huella mnémica y el deseo será la activación de esa representación. Pero al ser la primera representación quedara como prototipo de la satisfacción total, pero al no tenerla siempre disponible, es decir su ausencia hará que la maquina deseante la alucine.
Cuando se vuelve a presentar el objeto de satisfacción, algo será distinto porque,  ya no llegara a un lugar sin representaciones, ya no llega a escribir en una hoja en blanco, ya hay un capitulo escrito, el génesis que habla de un tiempo en donde se vivió una satisfacción total. Ahí empiezan los caminos de la pulsión.
“La meta de la pulsión no es el aplacamiento, la satisfacción, sino la falla que relanza el movimiento pulsional, incansablemente, siempre hacia adelante. Nuestra historia la de cada uno, es la historia de los modos de fallar el objeto imposible” (Braunstein, 2011, pág. 54)
Al ser imposible el camino de la línea azul la maquina deseante buscará  objetos similares para ello tendrá que realizar una labor de reconocimiento y comparación es decir realizara una labor de discernimiento, ahí comienza la labor del pensamiento. Y obtendrá un placer atemperado. Este recorrido está representado en el esquema 2 con la línea verde.
También existirá libido que no logre pasar la barrera de la represión pero se condensara con otras representaciones para obtener la fuerza suficiente. La libido espera “como un cuerpo extraño” para retornar. En el esquema 2 representamos este proceso con la línea naranja. Aquí es importante señalar el proceso de regresión temporal, es decir al no encontrar la pulsión la satisfacción en la realidad la busca en las fantasías y en organizaciones antañas.
Los caminos para la formación del síntoma están representados en el esquema con la línea morada, son las formaciones inconscientes que debido a la imposibilidad del placer absoluto y regulado por el pensar, buscara un placer sustitutivo.

Anna Freud mencionará que las formas en cómo se defiende la “maquina deseante” determinara como devendrá los síntomas.
Los caminos que recorrerá la pulsión en la histeria serán muy distintos a los de una neurosis obsesiva. Anna Freud nos pone un ejemplo en su libro “El yo y los mecanismos de defensa” en  donde el conflicto se desencadena por el odio contra la madre, nacido por una fuerte envidia del pene.
En el caso de la histeria, se resuelve por la represión. El odio de la madre será borrado de la conciencia, sin embargo puede haber conversión al sumarse con pulsiones sexuales desencadenadas por la envidia de pene y salir como placer sustitutivo a través del síntoma.
Pero hay otro modo de defenderse de esas pulsiones que entran en conflicto y esto es desarrollando una fobia logrando así “limitar la actitud, con lo cual previene el encuentro con todas aquellas situaciones susceptibles de favorecer el retorno de lo reprimido”.
En el caso de las neurosis obsesivas, se llevara a cabo varios procesos defensivos como las formaciones reactivas del yo, logrando una excesiva ternura hacia la madre, en lugar del odio. Las contracatexias estarán cuidando de que la pulsión no se manifieste de manera consciente, sin embargo estos  procesos ocasionaran una fatiga en el sujeto.
Como podemos ver la maquina deseante,  al no tener un objeto ideal  genera deseo, vida, pensamiento. La defensa nos protege de esa entrega absoluta aunque a su paso nos enferma.



Lo advertí desde el inicio esto solo es analogía , mito , solo una manera de explicar lo que pasa dentro(¿afuera?)  de la psique, sería ingenuo pensar que eso se encontraría dentro del cuerpo, la maquina deseante y poética es   también una maquina fantasma. Es un software diseñado para fallar, pues si acierta muere. Y en cada error produce algo que no esperaba, que no es posible con la perfección o con la lógica, algo que solo es posible por la falla. El arte, el amor, el odio, el síntoma, el sujeto es solo a partir de esa falla.
Pero el inventor de esa máquina, Freud,  se basó en los conocimientos de la física de su tiempo, quizá sea tiempo de pensar a esa máquina desde una lógica distinta.  Con los aportes de la física contemporánea.
El camino de esta máquina es el siguiente “máquina de placer” es la maquina hecha de carne, de nervios, que en el humano dará paso a “la maquina deseante” de la cual hable en este ensayo pero habría que pensar a esta máquina como un puente, mejor dicho como la base de la maquina poética, esta última es la que produce chistes, lapsus, olvidos y  arte.

sábado, 6 de junio de 2015

Primavera Negra, Henry Miller


Recuerdo la primera vez que leí a Henry Miller: siendo un lector aún menos experimentado que ahora, el ritmo de su prosa me pareció desconcertante. Cuando leí Trópico de Cáncer (1934), me pareció un libro sumamente difícil, me llevó más de un año concluirlo: quería encontrarle alguna lógica, alguna secuencia, algo de dónde agarrarme. Había algo en aquellos inmensos párrafos que no tenían pies ni cabeza, que iban de la narración de un supuesto presente a un recuerdo remoto y volvían luego a una escena de las hojas de un árbol acariciando las aguas del Sena, o una vulva que reía, o un montón de hambre y piojos. No había introducción en aquel ejemplar, la primer página era el escupitajo que Miller enuncia en contra del Arte, Dios y la Belleza. Con el tiempo y un bagaje un poquito mayor, logré entender que allí no había nada que pensar, sino que el autor me llevaba por un torrente en el que me tenía que sumergir y que allí quizás encontraría algo, no ya del autor, sino de mí mismo.

Creo que las novelas de Henry Miller son de aquellas que nos hacen sentir un poco mejor frente a lo terrible que a veces nos presenta la realidad: allí encontré un alivio a muchas de mis inquietudes, pues, aunque mucha gente vacila entre el repudio y la admiración al estadounidense de alma francesa por su cariz erótico, hay también un toque místico en sus trabajos, una suerte de trabajo espiritual que se hace cuando uno logra idenfiticarse con los sueños, los placeres, las imágenes y el ritmo de la prosa milleriana.

Después de dicha novela, que versa sobre sus años en París, y pasado un tiempo, me sumergí en Trópico de Capricornio (1939), en donde Miller narra sus años en Brooklyn. Siempre las metáforas vaginales de Miller: el tranvía ovárico, los ovarios putrefactos de la esposa de uno de sus amigos en la Western Union (la Compañía Cosmodemónica), el olor del cuerpo de una mujer de color profundamente perturbada. Termina este Trópico con el encuentro con una misteriosa bailarina que a su vez dará paso al principio de Sexus (1949), libro que forma parte de la trilogía "The Rosy Crucifixion" (junto con Nexus y Plexus).

Mucho tiempo estuve buscando este libro, Primavera Negra (1936), y jamás tuve éxito en encontrarlo en físico. Con mucha alegría un día me encontré con este "ejemplar" en una base de datos de libros digitalizados, así que ahora lo comparto con ustedes. Aquí hay un vaivén de recuerdos infantiles, de la vida del autor en Estados Unidos y sus peripecias en París. Siguiendo con la línea de sus imágenes uterinas, recomiendo prestar especial atención  a la exquisita descripción de la caótica matriz dostoyevskiana en el primer capítulo. ¡Que lo disfruten!


(Enlace al pdf dando clic en la imagen)

viernes, 3 de abril de 2015

Cadáver Exquisito

Tour Eiffel, Robert Delaunay (1911)
Plasmación, arranque fundamental, desazón del orgullo indigesto que pone su cara ante la lluvia de delirios. Porque de escuchar se aprende como de apreciar se expresa y de expresar se aprecia, y porque he escuchado que de aprender a expresar se aprecia aprender.
Cuando el dolor de estómago es incontrolable y cuando los ojos se cansan de mirar, es necesario detenerse, pensar, pedir, es necesario... Ayer pensaba en otro mundo, un mundo en la luna, lleno de amor, tan lleno de amor que llego a la locura.  
París de noche que lleva a la victoria. Leonina furia vence al danzón. Cierra la puerta, cariño, que el cielo se nos ha rebajado y el suelo mundo extiende sus alas para rugir sus laxas emanaciones.

domingo, 22 de marzo de 2015

Tenemos que hablar de Kevin (Comentario de la película)

“A veces la fiesta se convierte en Misa Negra” Octavio Paz. El laberinto de la soledad.

El presente texto fue inspirado por la pregunta formulada en la mirada de Kevin. Mirada a la expectativa, en espera, mirada muda, muerta, detenida en un silencio siniestro. ¿Pero que espera esa mirada? Digámoslo desde ahora corriendo el riesgo de no ser claros. Lo que espera es un deseo, un deseo que lo capturo, que no le pertenece, es de otro, de su madre, un deseo de violencia  y de muerte. Kevin fue llamado por la violencia sagrada. Si cristo murió para el perdón de nuestros pecados, Kevin fue concebido para cumplirlos. Dicho lo anterior quizá no sea tan muda la mirada, quizá si dice algo: ¿Es esto… es esto  lo que quieres mamá?



Pero vayamos más despacio para justificar lo dicho. Siempre he pensado que la primera escena debe estar realizada por imágenes sobreterminadas, es decir,  en los primeros 10 segundos de la película se debe decir casi todo, o al menos lo que puede ser dicho. Por supuesto que  al igual que en el sueño esto sucede de manera encriptada. Y la primera escena es una ventana  acompañada  por unos gritos de  una mujer. Al principio los gritos parecen producto de una violencia, después se escuchan gemidos (muy parecidos a los del placer) y por ultimo un grito de muerte y de vida, un grito de parto.  Desde aquí se anuncia la primera paradoja, la sexualidad y la muerte van juntas, no como opuestos sino en comunión. Podría parecer una contradicción si pensamos a la sexualidad como orientada hacia la creación y la muerte hacia la destrucción. Pero no hay contradicción, hay paradoja. La sexualidad y la muerte se dirigen hacia un mismo punto, o  mejor dicho hacia una misma nada,  la continuidad del ser.

George Bataille  (1997) nos describe mejor este movimiento del espíritu, cuando nos menciona que el erotismo es la aprobación de la vida hasta en la muerte. Bataille nos dice que somos seres discontinuos en busca de la continuidad del ser, un sentimiento oceánico dirá Freud, donde el yo y el otro se disuelven y no existen ni uno ni otro, a esa búsqueda, a esos movimientos, es lo que Bataille llama erotismo. Siempre y cuando no se ceda  a esa entrega total también llamada muerte. El sujeto se detiene, duda, titubea, balbucea y regresa a la discontinuidad. Este filósofo francés menciona tres tipos de erotismos el erotismo de los corazones, de los cuerpos y  el sagrado. Algo particular de este erotismo es que conlleva una carga de violencia, destrucción necesaria para romper las barreras del yo y entregarse a una experiencia mística.

En el laberinto de la soledad Octavio paz nos dice (retomando a sociólogos franceses) que en la fiesta se levantan las prohibiciones y la masa se entrega a un desperdicio de producción que va en contra de todas la leyes de convivencia. Y nosotros siguiendo a Bataille podemos decir que en la fiesta se llega también a ese erotismo, a esa fusión de los cuerpos a ese exceso violento que nos hace experimentar la continuidad. Algunas culturas practicaban el sacrificio como experiencia mística, pues en el sacrificio también se encuentra esa continuidad del ser. Bataille nos dice al respecto “En el sacrificio no solo hay desnudamiento, sino que además se da muerte a la víctima (y, si el objeto del sacrificio, no es un ser vivo, de alguna manera se lo destruye). La victima muere, y entonces los asistentes participan de un elemento que esa muerte les revela .Este elemento podemos llamarlo, con los historiadores de las religiones, lo sagrado” (Bataille, 1997)

Entonces tanto la puta como la santa pueden llegar a esa experiencia de exceso de violencia sagrada, una por la vía de la voluptuosidad carnal y otra por el rito, por la religión al sentirse invadida, destruida por un Ser divino. Basta ver la escultura de Bernini “La transverberación de santa Teresa” para ver esa expresión de goce celestial.  Y en la película que estamos comentando lo vemos en la cara de la madre de Kevin , cuando se encuentra en la fiesta de la tomantina; Vemos su rostro que ha quedado inundado de una experiencia mística,  rodeada de cuerpos semidesnudos que danzan , nudos de carne amorfa  en constante movimiento, llenos de tomate , de rojo , de violencia. Todo da un aspecto de orgia y asesinato. Y ella, se entrega a la destrucción y cómo Cristo baja de la cruz ensangrentada, mientras manos sin cuerpos la sostienen aunque parece innecesario pues su presencia se ha vuelto etérea. Y en medio de la fiesta, de la destrucción, ecos del futuro anuncian la segunda destrucción, solo que esta vez no es simbólica. Es la violencia encargada en el hijo de esa mujer que ha se ha disuelto en la continuidad del ser, esta segunda destrucción repito no es simbólica es llevada al acto.

  Kevin advierte que es llamado por y para esa violencia ¿Es esto lo quieres mamá? ¿Quieres que exprese esa violencia, tu violencia que te aterra, que te asusta pues tienes miedo a entregarte totalmente a ella? Mírame mamá yo soy tu violencia. Siento esa violencia desde que fui concebido, nunca la calmaste cuando era bebé, esta violencia me está devorando, me come por dentro, pides de mi destrucción, pides de mi muerte.  

Kevin es agredido por su madre de manera implícita, poniéndolo frente a ruidos estruendosos, diciéndole lo infeliz que la hace, y cuando muestra esa agresión sin la máscara de madre buena y lo avienta  le rompe el brazo. Kevin no la acusa al contrario la defiende en parte para tomar poder pero también porque sabe que ha cumplido con el deseo de la madre, expresar esa violencia. Años después Kevin le dice: “fue el único gesto sincero que tuviste”.


La película se cierra, como un circulo , empieza con la madre-cristo que es objeto de toda la destrucción para terminar con Kevin anti-cristo sujeto de la violencia. Del masoquismo al Sadismo. El rojo hace presencia en toda la película, como trazo, huella mnémica, eco de la violencia sagrada que capturo a Kevin.  



Bibliografía:                                                                             
George Bataille (1997) El erotismo. Tusquets. México.
Octavio Paz. (2000) El laberinto de la Soledad. FCE. México.

sábado, 21 de marzo de 2015

Colección de sueños



¡Qué privilegio el soñar! Qué gran oportunidad para conocer, crear, colorear realidades otras, ajenas a los ojos y los actos “humanos”. Qué privilegio saber la posibilidad de una doble existencia en el mundo, en los mundos, en el mundo de los mundos


Es el acto de soñar un acto poético de creación, acto que anula la razón, que borra los límites, las prohibiciones; el cuerpo nos deja de pertenecer —si es que nos pertenece—, los ojos se multiplican, las miradas se difuminan y las formas se transforman; las verdades se revelan, el agua abunda.


Realidades dentro de realidades. Es el sueño ese viaje, ese regreso a lo desconocido, a lo reconocido: viaje sin tiempo y sin espacio; sin tiempo “límite” ni espacio para dudas. Un viaje a los viajes más remotos, remontados una y otra vez.
Qué afortunados mujeres y hombres que sueñan, qué fortuna encontrar esa entrada y escapatoria, el lugar acausal, ese lugar construido una y otra vez. Escenario que nunca cierra su telón, que no tiene que “ser”, que no tiene “deber”. Lugar y momento, allí no se tiene ni se da, sólo está ahí, sólo existe. Sus únicas huellas son recuerdos vagos, colores, voces; ¡gozosos esos otros cuerpos y esos otros ojos nuestros y de otros que en el sueño se dicen!














Imagen: Jacek Yerka







Los sueños, la realidad no sujeta a leyes, a normalidades, donde no existe la prohibición. Lugar y momento donde los deseos y las ansias danzan, celebran su existencia, se burla de la razón, de las posturas, de aquello aprendido —no siempre por propio deseo— como saludable, como normal. Los sueños que festejan, que se empapan, se tejen y se deshilan.


Quizás habría que darle lugar, habría que rescatarlos, cual si fueran viejos objetos de épocas y tiempos remotos; buscar en ellos, dejar de temerles, de ignorarles, de guardarles.


Este espacio, toma la forma de una apuesta otra, una apuesta a compartir, a desnudar, a reconocernos en nuestros sueños, a enfrentarnos y enamorarnos de ellos, de ello, de eso; eso que no se nombra, que no se sabe, que no mide, y que se escapa a la razón…


¡Deleitémonos con lo poquito que se nos permite ver!




Los silencios móviles

Del silencio a la palabra: paralelos, como breves destellos de nosotros; aparecen nombres estirados como cuerdas infinitas: caminos que se bifurcan y multifurcan, trazos a letra destinados, listos para ser devorados por un ojo silencioso que los ha destinado.

Toda palabra que busca un decir originario se desborda de sí misma, nombra lo que falta y lo toca.

Foto: Arno Rafael Minkkinen
El silencio es un agua que reposa, es noche que refleja nuestro pensamiento y lo devuelve amplificado; de una tranquilidad tan frágil que con cualquier rumor se turba, la superficie del silencio nos devuelve una imagen en movimiento, una instantánea del sujeto que en la no-palabra se pregunta por lo que ha de ser dicho.

Es allí donde aparece el pensamiento;
bien estructurado
        (o sea estructurado para transmitir sus propias leyes
                 y estirarse hasta con-
                 vertirse en un instante.)
Pensamiento:

¿En qué espacios, en qué noches, en qué baños de sol podrá refrescarse una palabra estancada! El silencio, como una semilla, necesita una tierra que lo acoja y nutra para que haya un primer brote de sus palabras florescientes.

Como partículas, las palabras interactúan, intercambian cargas, se imprimen fuerzas, se expresan en órdenes ondulatorios. Las más densas palabras son capaces de provocar dramáticas curvaturas en nuestro tiempo y nuestro espacio.

Del silencio a la palabra no es un discurso psicoanalítico, sino la pluralidad de discursos inspirados así en el psicoanálisis como en la poesía, la filosofía, la música, la pintura, el teatro, la astronomía, la narrativa, la gente, la vida; ¡en lo que se quiera!, en tanto el discurso se renueve y no se quede empantanado en la rigurosidad teórica.

Palabras que evocan, palabras que se imaginan cuando nos recorren como cargas que movilizan. Cuando de lo real no captamos sino una imagen de lo real, la imagen no puede ser prisión, sino movimiento.

Con este silencio convivimos todos los días, pero no hemos sabido escucharlo. Es que el silencio coexiste con el decir enajenante, con el discurso masticado y vuelto a decir en una rumiadera desbocada. El poder de los discursos publicitarios, la expresión al servicio del capital, políticas de poética sin sabor y ley de menor esfuerzo en el pensamiento, son ejemplos claros. Nos encontraremos siempre con diques, con canales que orientan nuestras palabras por derroteros demasiado esperados, alienados.

Vivimos en un tiempo en el que los silencios quietos, petrificados, son la mejor arma del amo: del de allá afuera, el que dicta leyes, el que secuestra los discursos y maneja los hilos; del de acá adentro, el de las corduras endiosadas que amarran el decir pleno, el señor del miedo y la apatía; del que hace de todos un ustedes y un nosotros, afuera y adentro, arriba y abajo.

Transitar del silencio a la palabra es ruptura, irrupción de lo que tanto busca ser dicho, súbito arrojo de los hilos y ramajes del discurso.

Del silencio a la palabra busca ofrecer tierra fecunda para la movilización de los silencios. Hay que romper el huevo primigenio, irrumpir en la realidad con nuevas formas de decir.

En los primeros balbuceos del infante, en esas primeras urgencias de expresión, hay un aliento que aviva las llamas del mundo. La voz es nuestro aire vivificante, la amplitud  de nuestro espacio, la posibilidad de decir algo. 

La luz es alimento, fuego, visión; no vemos en el mundo sino el reflejo de la luz en los cuerpos. Sacar la palabra a la luz de una imagen que aun en la virtualidad de una pantalla se desborda de lo continente, ese es nuestro propósito.

Del silencio a la palabra que no es vehículo de la imposición de un saber, sino palabra que se busca nutricia y diciente. Palabroseo de la letra danzante y letroso palabrero de la danza discursiva. Silencio que se dilata hasta su brote palabrizo.

Es por eso que tomamos el riesgo de decir e invitamos a esos otros a formar un nosotros, a leer y formular también su manera de decir en este espacio que es de todos. Y si están en la búsqueda, buscar juntos; y si ya encontraron, maestrar dialogantes.

Del silencio callado al silencio meditabundo, y de la meditación del mundo al decir florecido. Palabras flores del jardín de los discursos, jardines distintos en los que la diferencia permite el intercambio. Palabra-riesgo de ser dicha que al estremecimiento de un viento bravo esparce sus decires...

Porque no hay vida sino al otro lado del riesgo; porque el fruto de la visión no madura sino en su dichura. Hagamos que el silencio se agite.

Hagamos discurso; hagamos-lo distinto.