lunes, 25 de enero de 2016

¿Cómo elegir a su psicoanalista? - 1ra Parte



A donde ir cuando se advierte que algo se nos escapa, cuando la muerte hace presencia, cuando  la escenografía del mundo se cae y nos sentimos extranjeros de nosotros mismos, cuando la angustia se desborda y queremos nombrar nuestros inconfesables deseos.  ¿A dónde ir?

Hay una vieja caricatura que representa los senderos de un camino desolador. En ella se representa a un hombre cabizbajo recorriendo un camino , en un punto el sendero se bifurca , hacia un lado hay una iglesia con un sacerdote en la puerta y del otro hay un edificio con un psicoanalista. El  psicoanalista le dice al sacerdote: "-O tiene la impresión de haber pecado y es para usted, o no logra pecar y es para mí."

Es decir uno va al psicoanalista empujado por la angustia , buscando algo que no se sabe pero que tiene sabor, deseo. El psicoanalista no nos ayuda a conocernos más, en todo caso nos ayuda  a desconocernos y en ese desconocimiento se inaugura una posibilidad de ser.


¿Pero, entonces , un psicoanalista es un psicólogo? ¿Al psicoanalista van solo los locos? ¿Cuál es el sentido de un psicoanálisis? ¿Cuándo empieza y termina un psicoanálisis? ¿Es todavía vigente el psicoanálisis?   y sobre todo ¿Cómo elegir a mi psicoanalista?

Esta última pregunta da título a las entradas de este blog que estaremos publicando todos lunes. En estas breves líneas pretendemos abordar cuestiones como las anteriores dirigido a todos aquellos curiosos y ansiosos por comenzar un psicoanálisis pero también para aquellos viajeros del diván.

lunes, 11 de enero de 2016

¿Huimos a la maternidad o la maternidad nos huye?





¿Huimos a la maternidad o la maternidad nos huye?
En nuestra cultura occidental, predomina aún un sistema patriarcal en las familias, lo que supone, contar con roles claros y establecidos entre hombre- padre y mujer-madre, sin embargo, se ha observado que cada vez son más las mujeres que no desean ser madres. En este texto intentaremos hacer un bosquejo del porque las mujeres de hoy huimos a la maternidad.
La mujer, por su condición biológica, tiene la “posibilidad”  de procreación, es ella quien pueda traer individuos al mundo, es ella, y solo ella quien tiene la capacidad de no dejar que la humanidad se extinga,  sino todo lo contario.
Se tiene una visión pre-concebida “cuando una mujer da a luz a una niña, ya se sabe cuál será su destino”. Ser madre y criar a los futuros miembros de esta sociedad con amor y cariño. Sin embargo, los cambios en el campo laboral, en los medios de comunicación y en los fenómenos sociales y políticos, han permitido un cuestionamiento de dicho “destino”
Cuestionar el deseo de ser madre, abre posibilidades de desarrollo y de destinos, ¿pero cuáles son los motivos por lo que no desean tener hijos muchas mujeres? Estas son algunas respuestas:
Se han llevado a cabo algunos estudios en los que se comprueba que las mujeres que no desean ser madres, en su mayoría son mujeres profesionistas, cuyo deseo de procrear y amamantar a otro, es desplazado por el deseo de crecer de manera profesional, y de  desarrollarse en el campo laboral.
Otro motivo por el que las mujeres no desean tener hijos, es por temor a las circunstancias sociales, políticas y culturales en las que se pueden estar desarrollando, argumentando un declive en los valores humanos, una gran falta de ética y respeto por la vida.
Como último motivo está el no deseo de procrear, mujeres argumentan no experimentar “el instinto materno” ese instinto que -se piensa- es tan necesario para la sociedad, expresan temor a la serie de cambios generales  de vida que implicaría el ser madres.





¿Pero socialmente, qué es lo que pasa cuando una mujer no quiere ser madre? 

En occidente es un tema controversial, por un lado tenemos a la “mujer” que busca ser liberada de los roles que se han adjudicado a lo largo de la historia y se ha ganado un lugar importante en el ámbito, académico, empresarial, cultural; por otro lado se tiene la idea de que a lo anterior hay que agregar el rol materno, incluso no se puede ver una mujer realizada si no es mamá, la decisión de no desempeñar este papel despierta un gran debate, ya que hasta la familia es el primer núcleo en poner en juicio la decisión de ser o no ser.

Nos atreveremos a explicar el por qué: la maternidad es el resultado de la sumatoria de condiciones biológicas de la mujer, más condiciones sociales y económicas, en este sentido, se podría pensar que la maternidad es un deseo construido socialmente.
La maternidad da un valor a la mujer, sobre todo en nuestra cultura occidental, en donde las mujeres no solo se hacen cargo de los niños por procesos naturales (embarazo, parto, lactancia), sino que además se encargan de la crianza, procesos de educación, cuidados básicos y socialización.
Cada vez son más las mujeres cuyos proyecto de vida carecen de hijos, variables como la inserción de la mujer en el campo labora, la falta de oportunidades para mujeres embarazadas, e incluso la falta de pareja, podrían darnos una idea del contexto de los argumentos.
No hay que omitir que hay mujeres para quienes la maternidad representa el punto culminante de su desarrollo como ser humano, y que disfrutan día a día de esta labor,  son esas mismas mujeres las que han permitido que sigamos cuestionando nuestro origen.
Finalmente,  el deseo de ser madre y deber ser madre, son cosas muy diferentes, el desear no ser madre, permite otras posibilidades de Ser mujer, es una apuesta en nuestros días, y es un momento importante en la historia de “la mujer” que no se puede dejar de lado.
¿Tú deseas ser madre o debes ser madre?




lunes, 4 de enero de 2016

¿Puedo generar dependencia hacia mi psicólogo/a?

A las personas que han pensando en iniciar un proceso con un psicólogo o psicóloga seguramente les ha pasado más de una vez esta pregunta por la cabeza. Unas veces albergando cierto temor a que suceda, otras quizás buscando la excusa perfecta para no acudir a un servicio de esta índole. Lo cierto es que cuando se acerca el momento de acudir a alguien en busca de apoyo o atención especializada, la dependencia emocional hacia la persona que nos brindará el servicio es pensada como un riesgo inminente ¿Alguna vez te lo has preguntado? Sí es así, probablemente te interese este artículo, quizás precisamente por eso diste clic al ver esta pregunta en el título. Veamos...

Primero hay que entender lo que generalmente nombramos como "dependencia". Actualmente esta palabra se ha popularizado en el sentido de dependencia emocional como una analogía con la dependecia a sustancias adictivas. Así, decimos que somos "dependientes" de alguien si necesitamos estar constantemente cerca aún a pesar de que nos haga daño, adoptando un patrón similar al del consumo de sustancias nocivas. A este término se le ha añadido el prefijo "co", llamando codependencia a esa clase de relaciones en las que dos personas (generalmente al interior de una relación amorosa) no pueden dejarse a pesar de los daños que pueden hacerse mutuamente.




El término codependencia se popularizó con la explosión de las técnicas de "autoayuda" a través de libros. Existen incluso grupos de doce pasos (sí, como los de AA) enfocados en la dependencia afectiva, pero ¿es esto algo que realmente suceda en el contexto del consultorio con tu psicólogo? Podemos dejar de lado el discurso de los individuos relacionándose entre ellos como si fueran sustancias adictivas, probablemente es un discurso que funciona en los grupos de autoayuda, pero no en el trabajo de los psicólogos. Un paciente no depende (al menos no realmente) de su psicólogo como dependería de una sustancia, o, vayamos unos cuantos pasos atrás, como un bebé podría depender de su madre para sobrevivir.

Quizás valdría la pena preguntarte primero "¿por qué me acerco a un psicólogo?". Las respuestas pueden variar de muchísimas maneras, pero para fines prácticos lo reduciremos a algo obvio: porque tengo un motivo. Quizás alguien me lo sugirió porque ha observado que no he logrado lidiar adecuadamente con mis problemas personales, porque tengo algunas dificultades para lidiar con mis emociones; a lo mejor me acerco por mi propia cuenta porque me harté de contarle a mi tía o a mi mamá o a mis amigos, quizás porque las respuestas que me dan ellos no me parece que me muevan de lugar. En resumen: porque tengo un malestar con el que siento que no he podido lidiar por mí mismo hasta ahora, porque requiero a otro. Si dejamos de lado la palabra dependencia con su connotación de adicción a una sustancia y retomamos el lado afectivo del asunto, tenemos allí que buscamos a alguien a quien contar estas dificultades y que hasta cierto punto nos oriente en cómo interpretarlas. Seríamos así a-dictos en el sentido etimológico de la palabra: a (prefijo de negación) y dicere (decir), los que no dicen, los que no tenemos un espacio para decir-nos.

¿Has compartido alguna vez algo de lo que tienes que decir acerca de ti?, ¿recuerdas ese sentimiento de intimidad que experimentaste? Si la pregunta acerca de la relación que estableces con tu psicólogo o psicóloga se dirige hacia el lazo afectivo que estableces con él o ella. Entonces, rotundamente: SÍ. Es inevitable que se establezca un lazo afectivo en el espacio en el que te dices. Regresando a las etimologías, de (de arriba hacia abajo) pender (que cuelga), quiere decir que nuestro movimiento radica en un punto superior. En este sentido, NO se desarrolla una dependencia hacia tu psicólogo, porque el movimiento de tu vida no depende de esa sola persona, sino de una gama más amplia de situaciones que un psicólogo te puede ayudar a comprender. 

Existen diversas orientaciones en la psicología que brindan mayor o menor peso a la relación que se establece con el paciente y que ocupan desarrollos teóricos y técnicas particulares para tratar esta relación. En psicoanálisis, por ejemplo, existe la noción de transferencia, que se refiere, someramente, a los afectos que desarrollamos en nuestra infancia y que se desplazan hacia la figura del psicoanalista durante el proceso de análisis. Hay otras posturas que bien pueden dar mayor peso a la medición de indicadores fuera de la relación psicólogo-paciente, o bien hacer un énfasis en la relación auténtica que se da entre ambos personajes involucrados en el proceso. En cualquier caso, cuando te preguntes si puedes generar dependencia hacia tu psicólogo, ¿por qué no preguntarte primero qué entiendes por dependencia?, ¿la dependencia es algo que está allí o una forma en la que vives una forma de relacionarte?

Y tú, ¿te has hecho estas preguntas?