“No podemos dar razón de la peculiaridad de lo psíquico mediante contornos lineales como en el dibujo o la pintura primitiva; más bien, mediante campos coloreados que se pierden unos en otros, según hacen los pintores modernos.”
S. Freud, Conferencia 31. La descomposición de la personalidad psíquica.
Es verdad lo que nos advierte Freud, ante cualquier intento de representar el aparato psíquico algo se escapa, pues estamos hablando de algo dinámico y sumamente complejo. Aun así, en este trabajo se pretende esbozar algunas propuestas para representar el aparato psíquico a través de un modelo gráfico retomando algunos señalamientos que realiza Freud en sus “Conferencias de introducción al psicoanálisis” (Freud, 1916-1917) y en las “Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis” (Freud, 1933 [1932]).
Lo inconsciente, preconsciente y consciente.
El conocido esquema del “peine” que aparece en la interpretación de los sueños (Freud, 1900, págs. 531-534), es uno de los primeros intentos de representar gráficamente los componentes del aparato psíquico. Es considerado como la primera tópica de la teoría freudiana, en ella se podrá notar las cualidades de lo inconsciente (icc), preconsciente (Prcc) y consciente (cc). Más tarde en 1923 se revisará ese modelo y establecerá una segunda tópica, de la cual hablaremos más tarde.
Para fines de nuestro modelo del aparato psíquico se ha elegido que lo Icc, Prcc y Cc no estén ubicados como lugares estáticos , más bien, lo que se busca es resaltar su aspecto dinámico.
Siguiendo la analogía de luz-oscuridad y variaciones de la intensidad luminosa, que algunos psicoanalistas han utilizado para representar el movimiento de dichas cualidades. Me parece pertinente representar la primera tópica como en la figura 1.
Es importante aclarar algunos aspectos en nuestro primer intento del modelo. Aunque las flechas apuntan a “lugares”, lo que se intenta representar es, más bien, la luz que aparece en el objeto. Esa luz no viene de afuera, al contrario, es activada por organizaciones que veremos más adelante y puede desplazarse por el umbral del preconsciente aunque nunca alcanza el área del inconscientemente.
Tenemos ya un primer intento de representar el aparato psíquico. El mismo modelo nos indica algunas cualidades que tendremos que comparar con los postulados psicoanalíticos.
En primer lugar la luz viene de adentro, en segundo lugar vemos que es desplazable dentro de un área específica, la cual no siempre esta iluminada, y por último la existencia de una oscuridad insondable debajo del modelo.
En términos psicoanalíticos podemos decir que la luz es la consciencia, la penumbra mortecina lo preconsciente y la oscuridad lo inconsciente.
Hasta el momento no hemos innovado en nada, y solo hemos cambiado el modelo del peine por una esfera. ¿Qué es lo que hemos perdido o ganado al hacer ese cambio?. Quizá hemos perdido la representación del arco reflejo y con ella la posibilidad de esbozar el principio de constancia , pero lo que hemos ganado es la base que nos permitirá articular la segunda tópica. Por otra parte nos parece que aventajamos al colocar la primera tópica como efectos luminosos en comparación con la analogía del iceberg en donde aparecen como “lugares”.
Yo, Superyó y Ello.
Una vez que vimos la pertinencia de representar lo inconsciente, preconsciente y consciente similares a los efectos de luminosidad, pasemos a complejizar el esquema con las aportaciones de la segunda tópica freudiana. Es decir ha llegado el momento de introducir a nuestro esquema las entidades del Yo, Superyó y el Ello.
Pero antes es necesario aclarar al lector un elemento que no se mencionó en el modelo anterior (Fig. 1), me refiero a la esfera con hexágonos parecida a un balón.
Si bien es cierto que es necesario una superficie en donde se pudiera manifestar las intensidades de luz, el hecho de que se haya elegido esa esfera no es fortuito (Fig. 2). Dicha esfera hecha con hexágonos será nuestra herramienta para representar al Yo.
Yo
¿Por qué representamos al yo con figuras hexagonales? ¿Por qué tiene el aspecto de una esfera?
Fig 2. Primer esquema yoico.
Para contestar la primera pregunta nos basaremos en un dibujo que realiza Freud en su “Proyecto de psicología para neurólogos” (Freud, 1895, pág. 369), pues al parecer es la primera representación gráfica del yo. (Fig. 3)
Fig. 3. Esquema del Yo en el proyecto.
En este esquema Freud trata de ubicar al aparato psíquico en un sistema neuronal, empresa que termina abandonando cuando descubre que las representaciones del sistema psíquico se alejan de las funciones neuronales.
En este dibujo de Freud (Fig. 3) el Yo no está ubicado en las neuronas sino en una parte que modula( dirige) las cargas y descargas de los procesos sinápticos. En todo caso el Yo del “proyecto” no está en una neurona sino en una red de neuronas que se encargan de distribuir la energía que recibe desde adentro y afuera del aparato psíquico.
“Representamos al yo como una red de neuronas investidas, bien facilitadas entre sí, de la siguiente manera: Una Qn que desde afuera (Fi) penetra en la [neurona] a, y que en ausencia de influjo habría ido hacia la neurona b, es influida de tal modo por la investidura colateral en a, α (alfa) que soló libra hacia b un conciente, y eventualmente no llega nada a b. Por tanto, si existe un yo, por fuerza inhibirá procesos psíquicos primarios.” (Freud, Proyecto de psicología, 1895, pág. 369)
Entonces pensamos al Yo como una serie de elementos que modulan la energía, para mantener un equilibrio psíquico. Si representamos gráficamente al yo como una línea recta que llega del punto “a” al “b” no podríamos dar cuenta de esa intersepción que realiza para desviar la carga cuando requiere que llegue a “α” (alfa). La figura del hexágono nos servirá por ahora para hacerlo (Fig. 4).
Fig. 4 Los desvios del Yo.
Lo valioso de un modelo es su sencillez. Es por eso que hemos desarrollado como unidad de la red Yoica la figura del hexágono, con esto no se pretende señalar que es la única forma que utiliza el Yo, incluso me atrevería a afirmar que la complejidad es tal, que no existiría una geometría para representarla, pero por ahora esto nos servirá para entender algunos procesos psíquicos.
Nos queda por responder porque hemos elegido la forma esférica. La respuesta la encontramos en un modelo gráfico que Freud hace en el Yo y el Ello y que va retomar en la conferencia 31 de las “ nuevas conferencias de psicoanálisis” (Freud, 1933 [1932], pág. 73)
Fig. 5 Esquema del Yo y el Ello
Como se puede observar el sistema del Yo se conecta con el sistema percepción consciencia (P-Cc) y tiene una barrera que lo separa del Ello y un acceso vía la represión. Dejemos que el mismo Freud nos explique su esquema.
“Aquí ven ustedes que el superyó se sumerge en el ello; en efecto, como heredero de Edipo mantiene íntimos nexos con él; está más alejado que el yo del sistema percepción. El ello comercia con el mundo exterior sólo a través del yo, al menos en este esquema” (Freud, 1933 [1932], pág. 73)
También pudimos observar que la esfera tiene una abertura en la parte inferior, para dar cuenta de ella tendríamos que introducirnos con el Ello.
Ello.
El hecho de que hayamos elegido una esfera, encuentra una segunda razón y es la forma en como concebimos al Ello. Si nosotros nos guiamos por la analogía del Iceberg, el Ello será lo profundo. Incluso algunos autores( incluido el mismo Freud) se refieren al psicoanálisis como la psicología profunda.
Pero si pensamos al Ello como el vacío que se encuentra en el interior de la esfera veremos que su existencia no está en las profundidades, al contrario los mismos bordes con el yo lo harán Ex – sistir.
¿Pero acaso no está también en lo profundo nuestro Ello? En cierto modo no, porque carece de materialidad pero no de existencia. “Donde Ello era, Yo debo devenir” (Freud, 1933 [1932], pág. 74)
De esta manera representamos la relación del yo y del ello en donde “el yo es aquella parte del ello que fue modificada por la proximidad y el influjo del mundo exterior, instituida para la recepción de estímulos y la protección frente a estos” (Freud, 1933 [1932], pág. 70)
Pero es necesario romper la esfera y generar un hueco en la parte inferior, ahí donde la oscuridad gobierna. “Imaginemos que en su extremo está abierto hacia lo somático, ahí acoge dentro de sí las necesidades pulsionales que en él hallan su expresión psíquica” (Freud, 1933 [1932], pág. 68)
Entonces la oscuridad oculta y da presencia a la nada. (Fig. 6)
Fig. 6 La oscuridad del Ello
Superyó.
Si el yo es la parte que media con lo externo y representada con hexágonos en nuestro modelo dando la idea de un caparazón. ¿Dónde colocaríamos al Superyó?
Anna Freud nos ayuda a responder esto cuando menciona “La imagen de superyó se esfuma cuando entre e yo y el superyó existe armonía […] Sus límites únicamente se aclaran cuando el superyó enfrenta al yo de una manera hostil o por lo menos crítica; cuando cierta crítica suscita estados perceptible en el yo, como, verbigracia, los sentimientos de culpa” (Freud A. , 1965)
Es decir el superyó es visible cuando está en tensión y como utiliza los caminos del Yo el superyó será Cc, Prcc e Icc recorriendo la circunferencia. Y como aclaramos anteriormente que el Ello está en el vacío de la esfera en algunos casos este podrá influir en el superyó.
En esos casos el ello influye en el yo para la satisfacción de las pulsiones. Calvin S. Hall (1966) describe lo que pasa en esos casos:
“La brutalidad de la Inquisición, la quema de brujas y los asesinatos de masas perpetrados por los nazis. Esos ataques sádicos eran en apariencia instigados por un fervor moral de la más alta jerarquía. Sin embargo, representan en realidad la expresión de las fuerzas primitivas del ello. En tales casos, se dice que el superyó ha sido corrompido por el ello.” (Hall, 1966, pág. 55)
Entonces representaremos al superyó con un color amarillo, para que se pueda notar cuando está en tensión con el Yo. Nuestro modelo, entonces, ha quedado de la siguiente manera:
El lector habrá notado el color amarillo que representa al superyó pero también otros elementos que recorren la esfera, para hablar de ellos tendremos que introducirnos al concepto de pulsión.
Pulsión.
Empecemos abreviando este complejo concepto con una frase de N. Braunstein. “Si hay re-presión (Verdrängung) es porque hay presión (Drang) porque algo empuja para salir (en el discurso; si no puede, en el síntoma)” (Braunstein, 1992).
Pulsión (Trieb) es la energía psíquica que busca descargarse, es lábil y no tiene un objeto exclusivo de descarga. “La pulsión es acéfala”.
Los caminos de la formación del síntoma.
Hasta ahora hemos visto como se ha formado nuestro modelo gráfico, ha llegado el momento de ver como recorre la pulsión a través de él.
En la conferencia 23 (Freud S. , 1916-1917) se expone los mecanismos para la producción de síntomas histéricos. Es hora de poner en práctica nuestro modelo (figura 8).
Fig. 8 Camino de formación del síntoma.
En la figura 8 vemos como el representante de la pulsión empuja para salir, recorre las constelaciones de las representaciones, pero al ser detectado como incompatible a la consciencia es empujado hacia un lado por una contra investidura, sin embargo es atraído por una fijación que se encontraba estancada desde tiempos remotos, pero ahora es activada por la pulsión-regresada y al juntarse toman fuerza para salir, el Yo logra conciliarlas entre la demanda pulsional, exterior y ahora hasta superyoica. La forma en que logra encontrar una salida sustitutiva es a partir del síntoma.
Hacia un modelo gráfico, solo un esbozo pero que intenta integrar los contenidos vistos en las clases de “Teorías psicoanalíticas II”. El modelo que expuse en este trabajo representaría mucha más complejidad ya que las constelaciones representacionales van tejiendo complejos y contra-catexias en cada pensamiento, palabra o experiencia.
Y ahí donde piensas se esfuma, desaparece. Algo siempre se escapa, pero va dejando rastro.
Es un modelo que está en constante movimiento, creando y reprimiendo. Anundando redes como si fuera una telaraña. El poeta Andre Bretón lo expresa de mejor manera: “sospechosas asociaciones de ideas que suscitan , haciéndote pasar a uno de los hilos de araña a la telaraña, es decir, a la cosa más centellante y más graciosa del mundo si no fuera porque cerca, o en los alrededores esta la araña”(Breton, 2004). Y la araña teje desde la oscuridad, no sabemos de ella sino a través de sus tejidos.









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